Cuentan los muertos [1]

Cuentan los muertos que la última noche del mes único será día.

Lo cuentan los muertos y el viento lo sopla cerro abajo hasta las casas de las afueras.

Las historias como esas no alcanzan la plaza del ayuntamiento. El alcalde nuevo no quiere saber de cuentas turbias. Y hace bien. Si algo así llega  a los oídos del partido tarde o temprano acabarán apareciendo por aquí los licenciados y la fiesta se agua.

La fiesta se agua y el vino se agría.

De ahí que nosotros no soltemos prenda.

– Esta noche en la era – susurramos a nadie cuando nos cruzamos por la calle.

– Esta noche en la era – respondemos con mirada oblicua.

Es suficiente.

Hacia las once salimos a tirar la basura, que ya tenemos contenedores, y nos dirigimos a la puerta de encuentro.

Las chicas también vienen.

Antes las mujeres no podían porque nuestros padres y abuelos no las aceptaban. Tenían que quedarse en casa pendientes de un acontecimiento que, de alguna vez haber ocurrido, habría afectado sus vidas tanto como las de ellos.

Nosotros hemos mejorado. No queremos que los que vienen de la ciudad piensen que somos anormales. Los cimientos de la dignidad se vienen abajo cuando uno te saluda todo simpático y sabes que por dentro está riéndose de lo pintorescos que somos los de pueblo. Y no es que seamos capaces de leer las mentes [bastante tenemos con oir la voz de los muertos a través del viento] lo que pasa es que se les nota a la legua el aire de superioridad. O si no los uniformes de cazador que se ponen…Deben sacarles dos mil duros por los pantalones, tres mil por el chaleco y cuatro mil por las botas.

Pero no quiero ser borde. A lo nuestro.

Cuentan los muertos que al cielo se le abrirán ventanas.

Lo cuentan los muertos y los gatos lo maúllan erizados de asombro.

Con lo del Plan de Vivienda la era ha visto reducida su superficie a la mitad y en la que queda está prevista la construcción de un parque. Un parque en el campo, no lo entiendo muy bien. Podían haber dejado la era tal cual y que cada uno dispusiese…Pues no. Lo bueno es que todavía no han puesto alumbrado y la oscuridad sigue siendo nuestra aliada.

La oscuridad de la noche, no la del politiqueo.

La oscuridad de la noche y la de nuestras ropas: vaqueros negros y camiseta negra de los Héroes del silencio o Guns’ n’ Roses, no vayáis a pensar que siempre hemos sido bakalas. Porque ésa es otra.

Aunque sea la misma, la música que nosotros oímos es bakala y la que ellos escuchan es electrónica.

[continuará]

por El fantasma de Ray Kink

[*] Hace un tiempo, un oyente anónimo que firmaba como El fantasma de Ray Kink nos enviaba periódicamente relatos a sub>urbia. Hace un tiempo, Paloma tenía una sección llamada “1000 ventanas abiertas” donde los leía. A partir de ahora los publicaremos en este blog. Esperemos que a El fantasma de Ray Kink no le importe.

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