La plus belle pour rester chez soir

Quisiste siempre ser la guapa del baile y nunca te invitamos a uno.

Pero eras más lista que todas.

Creías que la vida puede dar infinitas vueltas y que el resultado, o sea, la tortilla, no puede juzgarse hasta estar debidamente reposada y emplatada.

Y así ha sido.

Esta noche, cuando él llame a la puerta de tu espacioso loft, la venganza estará próxima a consumarse.

No le reprocharás nada, al contrario: le harás descender los dos escalones que dan acceso a la especie de cuadrilátero semihundido donde has dispuesto la mesa, las dos sillas y lo mejor de tu sabiduría culinaria.

Descorcharás un vino que pobre no puede [son tantos los gastos de los chiquillos] permitirse.

Sacarás del horno el caliente y meloso asado.

Brindaréis una y sucesivas veces por el futuro.

Daréis cuenta de la carne rosada y, con el último suspiro del postre todavía en vuestros galillos, adoptarás ante su boca abierta posturas y cariños que la mojigata de su esposa [lástima de actual vacaburra] nunca se atrevió a ejecutar.

por El fantasma de Ray Kink

[*] Hace un tiempo, un oyente anónimo que firmaba como El fantasma de Ray Kink nos enviaba periódicamente relatos a sub>urbia. Hace un tiempo, Paloma tenía una sección llamada “1000 ventanas abiertas” donde los leía. A partir de ahora los publicaremos en este blog. Esperemos que a El fantasma de Ray Kink no le importe. Con este relato, y el anterior, nos adjuntó una copia de “La plus belle pour aller danser” de Sylvie Vartan.

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