Ponga un Sufjan en su vida

No vamos a ocultar la envidia que nos invadía mientras nuestros ordenadores se saturaban de frases referidas al Primavera Sound 2011 pero
a) no nos acreditaron [un año más]
b) no podíamos asumir los 180 € + despesses de distribució + viaje + alojamiento + manutención así que
c) pasamos al plan b:

Un mes antes del concierto que Sufjan Stevens dió en Barcelona compramos un billete de avión a Oporto [36 €] y nos compramos la entrada que nos costó 26 € [sin sorteo ni despesses de distribució]. ¿Desventajas? Nos perderíamos algunos de los conciertos que más ganas teníamos de ver [The National, Pulp, Pj Harvey, Belle & Sebastian…]. ¿Ventajas? Podríamos ver un concierto de Sufjan Stevens fuera de un festival [sin limitación horaria], sin sorteos ni colas y además podríamos conocer una ciudad portuguesa en la que no habíamos estado.

Puntual como un reloj suizo comenzó el concierto de DM Stith, telonero a la vez que encargado de los teclados y los coros del cabeza de cartel. Interpretó 4 canciones, incluído un pitido en “Demons” que le asustó hasta él, delante de apentas un centenar de personas. Nos acabamos nuestra cerveza [ventaja: 1.5 €, desventaja: no podías entrarla al recinto] y vimos las suficientes canciones para que nos recordara a Fleet foxes. “This song is called “Pigs” and this band is called Sufjan Steven’s”. Agradeció tocar en el Coliseu de Porto, un lugar tan bonito como decadente es la propia ciudad, abandonó el escenario 25 minutos después.

Termina el concierto y esperamos, en tercera fila, los 35 minutos que separaron una actuación de la otra. Sobre nosotros, una red llena de globos más allá de donde terminaba el público [“demasiado optimistas”, pensamos]. Al lado, algún que otro gallego que había cruzado la frontera. Éramos pocos. Parece ser que el día antes del concierto quedaban en la web más de 1400 entradas. Nos podíamos haber puesto pesimistas y haber pensado que S.S. no iba a darlo todo en el concierto. Hubiéramos estado equivocados. Se baja un telón semitransparente y a las 10 en punto empieza la orgía. Sobre el logotipo diseñado por Royal Robertson, y que es la portada de The age of Adz, aparecen los 8 músicos, las 2 coristas con alas de cisne y ÉL con alas también, pero caídas. Cae la nieve en la pantalla y en telón y va formando casas, camas, personas…Suena “Seven swans”. Empieza el espectáculo. El cisne despliega sus encantos. Nunca fue un patito feo. “Hello! I’m your entertainer tonight”. Nos entretiene con “Too much”, el primer sencillo del disco que viene a presentar. Todo es flúor y coreografías imposibles.

Después sonó “Age of Adz”, vestidos de tripulantes de naves espaciales, como explicaría después. Todo brilla y las baterías concuerdan a la perfección con los planetas que salen en pantalla. Se traslada a primera fila del escenario [si no hubieran puesto la protección esa que ponen en los festivales podríamos tocar las horrendas zapatillas que lleva] y explica entre risas lo que vamos a ver esta noche. Parece tímido. Canta “The one I love” de R.E.M. Se traslada al piano, rompe el taburete, lo arregla, se sienta y nos cuenta que le gusta cumplir años [tiene 35], que puede que duela en el cuerpo o en el alma pero que adquieres experiencia. Dice que todas las cosas buenas [el queso, el vino] mejoran con la edad y suena “Now that I’m older”. Después, “I walked”

Vuelve a la primera fila y nos pide, como otros, que le hagamos los coros. Que pensemos en nuestras hermanas y nos esforcemos en entonar el “dadada” para que ellas se sientan orgullosas. Lo hacemos aunque no tengamos hermanas. Presenciamos uno de los momentos más emocionantes del show. Suenan bien unos coros improvisados en el coliseo de Porto. S.S. nos da las gracias y dice que “Sister” ha sonado muy bonita. Es verdad.

Después viene la parte en la que explica quién hace el, discutible, “artwork” del disco. Se trata del trabajo del artista Royal Robertson [1930 -1997] que pintaba sobre sus ensoñaciones que incluíanalienígenas, coches del futuro, monstruos o el apocalipsis. Es fascinante ver como toda la banda al completo se gira a observar las fotos que de Robertson y su obra aparecen en la pantalla mientras Stevens va contando la historia de su vida y por qué lo eligió a él. También justifica las vestimentas de la gira: estamos en una nave espacial, ellos son los tripulantes y nosotros los invitados. Ignoramos si en el PSound se explayaría tanto en la explicación, aquí fue larga. Canta “Get real, get right” y, al final de la canción, las coristasbailarinas se adelantan a la primera fila del escenario, exhiben su mejor sonrisa y sus descoordinados bailes que tanto nos fascinan.

Vuelve a caer el telón semitransparente y suena “Vesuvius”. Sufjan Stevens aplaude tras la actuación. Después “I want to be well” y vuelve a primera línea, a escasos 2 metros de nosotros, para cantar “Futile devices”. Al final de la canción uno de los músicos toca un Casio [no es el PT1 pero debe andar cerca] bajo la atenta mirada del estadounidense que vuelve a aplaudir al final y abraza a su compañero.

Nos contó luego la historia de que que provenía de una “Star family” que le hacía pasar un par de semanas comiendo comida vegetariana, leyendo libros sobre estrellas y teniendo un par de semanas al mes de “nude family yoga”. Luego nos contó aquello de que polvo somos y en polvo nos convertiremos y nos invitó a que pensáramos en ello. Practicamos un poco de “listening” y comezó a cantar “Impossible soul”, con las coristas ataviadas con una capa negra. Una canción que en el disco dura 25’34” fue mutando durante esta parte del show incluyendo confetti dentro y fuera del escenario, un diamante que se colocó como casco, una bola de espejos en su pecho que proyectaba luz al Coliseu, un diamante gigante que bajó y se situó tras él, las sombras de las bailarinas reflejadas en ese diamante, mucho disfraz, mucha serpentina, una careta de mono…un éxtasis y un desmadre coreado, no muy mal, por el típico fan que te toca al lado y que se sabe todas las canciones. Levábamos 2 horas justas de concierto y desapareció la banda dejando el escenario repleto de artilugios que harían las delicias de cualquier comparsa.

6 minutos después y tras aplausos, silbidos y pataleos aparecía de nuevo Sufjan Stevens vestido de persona normal como a mi me gusta, que no he sido yo nunca de disfraces, para cantar “Concerning the UFO Near Highland, Illinois”. Luego vino uno de sus grande éxitos  “John Wayne Gacy Jr.” Aparece de nuevo toda la banda, también vestidos de paisanos y, ahora sí, globos en la pantalla, globos sobre nuestras cabezas y “Chicago”.

Él muy agradecido, nosotros más. 2 horas y 21 minutos de concierto después empezamos a explotar los globos como si de una traca se tratara, se encienden las luces y huímos del calor sofocante que llena casi todos los bares de Porto. Desventaja.

En realidad, los setlist no difieren demasiado [PS jueves, PS viernes, Porto, Lisboa] y supongo que la mezcla entre buenhacer, mamarrachismo, The flaming lips y Love of lesbian rellenó los cuatro conciertos. Nada que ver con aquella gira en la que iba de scout alado. No importa dónde, pero hay que verlo. Y si no pudes, busca los vídeos en youtube.

por Víctor

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