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Honky Tonky Sánchez: El bien querido

21 de enero de 2011 > 8pm > Centro de cultura José Saramago [Albacete]

La sensación que personalmente me llevé el pasado viernes durante y tras el concierto de Carlos Sánchez, Honky Tonky Sánchez, es que tiene muchos amigos. Sólo así se explica que Javier Gallego, presentador de Carne cruda, uno de los mejores programas de la radio española coja a su novia y se venga a presentar el concierto y tocar la batería en la última de las canciones. Sólo así se entiende que un buen montón de amigos le acompañaron en el escenario  [poco dinero se saca de un concierto de semejantes características] y otros muchísmos se sienten frente a él en butacas o en el suelo, si hubo suerte, porque hubo un momento en que se cerraron las puertas y no dejaban pasar a nadie más. Los pocos que no somos amigos, que tan solo lo conocemos por haber formado parte de la importante historia musical de nuestra ciudad, ignorábamos que íbamos a disfrutar de uno de esos conciertos que será difícil de olvidar por distintos motivos.

El primero que viene a mi cabeza tiene que ver con los nervios. Los nervios de Carlos cuando llegó la hora  de salir y vió que el auditorio de cerca de 300 butacas donde se celebraba el concierto estaba más que abarrotado de amigos y de gente que queríamos ver cómo presentaba, por segunda vez en la ciudad pero en esta ocasión con banda, Esta tierra hostil. Supongo que ese es el motivo por el que tuvo que empezar hasta cuatro veces “Pablo Borell”, la canción con la que a eso de las 8.15pm suponía el inicio del concierto, y de la que olvidaba sistemáticamente la letra. Yo pasé nervios [y eso que poco tenía que perder y recordé aquella inauguración de Abycine de hace un par de años cuando Fernando Alfaro no conseguía ver nada en los monitores a la hora de empezar a tocar “Habitación 237” ante la incómoda mirada de Barry Gifford y Matt Dillon]. Jaime Carrión le recordó la frase que se le atascaba, Javier Crudo  desde la escalera se arrancó con un aplauso la tercera de las veces [que a pesar de ser la tercera no fue la vencida]  y el resto de sus amigos y amigas le jaleaban, aplaudían y animaban desde la platea. Al final consiguió completar la canción ante las veladas sonrisas de los que le acompañaban sobre el escenario [Carlos Flan o José Manuel Mora, entre otros].

Será difícil de olvidar también el magnífico sonido que hubo durante todo el concierto mientras interpretaba, por este orden, “No hay paz cuando estás cerca de mi”, “El mal de Mankiewicz” [donde hicieron coros Llanos e Isabel León], “El impostor” [acompañado de su autor, Carlos Cuevas, y de Modesto Colorado], “El invierno” [con la harmónica de Rosendo Romero], una canción que formará parte de La piel del diablo, lo que será su nuevo disco, junto con Kike González y Billy Pagan sentados en unas sillas que formaron parte durante unos minutos del trasiego sobre el escenario, “Cientos de motos rugir”, donde aparece la frase que da título al disco acompañado por Alberto Sánchez, “Querer quimeras”, “El secuestro de Luis Morales”,  “Lucky man” [con Llanos, Rosa Bautista e Isabel León subidas a la plataforma de las coristas, el trompeta y la saxofón] y en el bis, una suerte de godspell con todos y todas sobre el escenario y el público que no se había marchado aún puesto en pie intentando corear vagamente el estribillo.

Tampoco se me olvidará que, quizás provocado por el bienestar y la cercanía de todo el concierto, la gente [sobre todo dos chicas con voz de señoras mayores que estaban justo detrás mío] contestaban todos y cada uno de los comentarios del protagonista de la noche: “¡Te hemos traído las pasillas! ¡Las buenas y las otras!”, gritaron en una ocasión. Honky Tonky Sánchez, por su parte, agradecía emocionado nuestra presencia y la de [casi] todos los que pasaban por ese escenario y recordaba que no había bebido ni una gota de alcohol a pesar de olvidarse de las letras [como ya le pasara a otro de los grandes hace años]

Para mí, el momento más sorprendente y emocionante de toda la noche fue cuando Llanos, novia desde tiempos inmemoriales, de Carlos Sánchez hizo un solo en “Lucky man” tras el de Rosa Bautista que provocó gritos y aplausos en un fantástico instante que dejó sin posibiliadades a la artífice de Istochnikov. Ella juega en otra liga diferente.

Un pequeño altar con una foto y dos velas a los lados [imaginamos de quién pero no nos aventuramos a ponerlo] presidía el centro del escenario, el negro y los cuadros fue el color elegido por los artistas, las barbas lo más lucido entre el público entre el que se mezclaban familia, amigos y completos desconocidos, los arrumacos indies se sucedían en un lateral del escenario entre canción y canción y una gran ausencia, Joaquín Pascual que pese a estar anunciado nunca apareció [por causa más que justificada según nos hemos enterado tras publicar esta crónica], nos hizo estar espectantes durante todo el concierto. Yo me quedé con la sensación de inexistencia de “postureo” y muchas ganas de compartir la velada con un personaje que todavía tiene mucho que cantar con esa voz rasposa y especial a lo Tom Waits. Quizás si los conserjes no se tuvieran que ir a las 10pm, se hubiera alargado el recital. Pero eso, y por qué no actuó Pascual, nunca lo sabremos.

 

por víctor

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